Ayer Daniel me preguntó por qué decidí ser mamá y qué se sentía. Por un momento no recordaba por qué decidí serlo. Me acordaba de una noche compartiendo vino y cigarros con él planteándole la idea y él diciéndome que también lo había pensado y que creía que era una buena idea. Me acuerdo que hablamos por varias horas pero no lograba visualizar las razones por la cual decidimos ser padres. Sé que no era por instinto maternal o porque sentía que tenía que tener hijos porque eso es lo que me tocaba a esta edad.
Y ahora que lo he pensado ha vuelto hacia mí el plan inicial. Quise tener un hijo como una especie de inversión de amor. Así como cuando la gente tiene plata y decide comprarse una casa para después arrendarla o venderla y así ganar más plata, yo quise invertir el amor que tengo con Daniel en un proyecto de amor. Tener un hijo es multiplicar el amor que siento por Daniel, por mí, por nosotros. No sé si hace mucho sentido, pero para mí es bastante simple. Y se convirtió en un proyecto, así como uno tiene un proyecto de viajar o escribir un libro o remodelar una casa: involucra muchas tareas, esfuerzo, convicción, información, tiempo, mucho tiempo.
Mostrando entradas con la etiqueta maternidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta maternidad. Mostrar todas las entradas
domingo, 7 de noviembre de 2010
viernes, 29 de octubre de 2010
Día de trámites… y feliz
| St. James Park en otoño |
Pero hoy fue distinto. Hoy fue un día de trámites. Fui a Londres a inscribir a Enzo al consulado, para que tenga su RUT y sea chileno, porque hasta ahora, el pobre no es ni de aquí ni de allá. Y a última hora decidimos que fuera yo sola. Sin pensar en coches, en mudas, en dar papa quizás donde, en llantos en lugares imprevistos, etcétera. Lo único que tenía que planificar era dejar leche para el niño y pensar en dónde sacarme leche en la mitad de todo. Y así, además, Daniel podía descansar y regalonear tranquilo con Enzo y estudiar mientras nuestro heredero duerme.
Todo con tiempo. Caminé a la micro, en la estación llena–recién pasada la hora peak- compré mi boleto, me compré mi café (skinny decaf latte para la ñora), saqué plata del cajero. Para todo hice cola. Luego a esperar el tren que llegó tarde y estaba lleno. De pie, me tomé mi café, hice mi evaluación de los hombres y mujeres alrededor (hombres minos, interesantes, feos, fomes, raro y mujeres flacas, gordas, bien y mal vestidas), saqué mi Kindle (tenía que decirlo) y leí mi libro. Luego el metro de Londres repleto, lleno de cabros chicos porque están en vacaciones y los padres y/o abuelos deben hacer algo con ellos (TODOS se bajaron en la estación de los museos). Luego caminar al consulado. Estaba al lado de St. James Park -que es el parque frente a Buckingham Palace- y tenía 40! minutos todavía para mi cita con el secretario consular. Caminé al parque, me senté y miré los bellos rasgos otoñales, el viento no tan frío, me fumé un par de cigarros y hablé con mi amiga Sarah por teléfono. Luego partí a mi cita.
Etiquetas:
Hábitos,
maternidad,
Personal,
Relaciones de pareja
Suscribirse a:
Entradas (Atom)