| El último verano que trabajé entreteniendo a alumnos |
En fin. Si bien me fui con las puertas abiertas, disponible para trabajo desde la casa y reemplazos esporádicos, me importó poco. Adoro a mi jefa/amiga (que ahora es amiga solamente, con quien tomamos vino juntas, vamos a ver pelis, salimos a comer) pero nunca en mi vida, corta vida laboral, había trabajado en algo tan poco desafiante, que exigiera el mínimo esfuerzo y cabeza. Y además fue bastante frustrante en la medida que por distintas razones era un lugar tan despelotado, donde sólo con un par de buenas ideas y organización se podrían hacer maravillas. Desde que entré, en marzo de 2008, los sentimientos más generalizados han sido de impotencia y lata.