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viernes, 14 de enero de 2011

Carta de Renuncia

En el verano del 2009
El último verano que trabajé entreteniendo a alumnos
Hoy presenté mi carta de renuncia en la universidad en que trabajo. Bueno, trabajaba. Esperé a que me llegara el último cheque del postnatal y me senté a escribirla. En la carta digo, básicamente, gracias, todo ha sido muy bonito, pero en realidad no puedo trabajar porque no puedo pagar sala cuna. Lo que es verdad. De hecho, saldría para atrás.
En fin. Si bien me fui con las puertas abiertas, disponible para trabajo desde la casa y reemplazos esporádicos, me importó poco. Adoro a mi jefa/amiga (que ahora es amiga solamente, con quien tomamos vino juntas, vamos a ver pelis, salimos a comer) pero nunca en mi vida, corta vida laboral, había trabajado en algo tan poco desafiante, que exigiera el mínimo esfuerzo y cabeza. Y además fue bastante frustrante en la medida que por distintas razones era un lugar tan despelotado, donde sólo con un par de buenas ideas y organización se podrían hacer maravillas. Desde que entré, en marzo de 2008, los sentimientos más generalizados han sido de impotencia y lata.