sábado, 2 de octubre de 2010
Días como hoy
Días como hoy siento nada, sólo siento un vacío que llena todo por dentro sin dejarme respirar.
Días como hoy pienso en todas las cosas que me gustaría romperá azotándolas contra la pared: botellas, platos, vasos, computadores, televisores.
Días como hoy pienso en gritar tan fuerte que se escuchará un eco rotundo en todas partes, pero días como hoy son particularmente silenciosos.
Pensar en eso me calma. Pero me da lo mismo. No quiero calma, ni euforia, no risas, ni llanto. No quiero absolutamente nada.
Días cómo hoy son incómodos. Nada se siente bien. Ni la ropa, ni las horas, ni las comidas. Nada.
domingo, 26 de septiembre de 2010
El invierno de Heidi

Este invierno boreal no iremos a Chile. Con suerte, tendremos una blanca navidad. Estaba reparando en que los fríos duran 8 meses, de octubre a abril y los últimos dos años hemos capeado uno o dos meses en el verano chileno. Me pregunto cómo será un invierno duro de verdad, temperaturas mínimas, días cortísimos, narices y pies helados las 24 horas y por varios meses.
Siempre he odiado el invierno. En realidad, no siempre. En mi época dark/grunge me encantaba, pero ya no soy ninguna de las dos cosas. Todo lo contrario. No tengo problemas en andar en una micro llena con 35 grados de calor porque sé que o habrá una piscina cerca, una cervecita helada, un helado, un fin de semana en la playa. Por eso me viene una nostalgia enorme. Los días largos y calurosos llaman a juntarse y salir. El invierno, todo lo contrario. Lo primero que se me viene a la cabeza es mirar la lluvia y la nieve por la ventana, andar con fiaca todo el día y sufrir sobredosis de chocolate caliente, pegada a un guatero todo el día, sola. Es que no tolero sentir frío.
jueves, 23 de septiembre de 2010
Un poquito de carpe diem, por favor
Hace unos días anotaba el día que era. "Qué rico, ya es miércoles", pensé. Y me di cuenta que hacía eso regularmente. Muy regularmente. Y eso no estaba nada de bien. "¿Qué día quiero que sea?", "¿Qué tiene de malo el día de hoy?", "¿Estoy esperando que pase algo acaso?". Y las respuestas eran, en orden: ninguno en particular, nada, no. Incluso llegué a pensar que podía estar deprimida, que los días me pasan, comienzan y se acaban, sin más. No es que quiera que sea fin de semana, porque ahora ni siquiera estoy trabajando, sino que soy mamá tiempo completo. Hace 4 meses ya. Pensé que quizás podría ser que estuviera simplemente agotada con mi nuevo rol, pero la sensación era peor, porque mi hijo crece y cambia cada día, siempre tiene con qué sorprenderme y no quiero sentir que me estoy farreando estos lindos momentos. Pero sí, algo de agotamiento tiene que haber.
Pero el tema era más de fondo. Me di cuenta que en mi vida he estado acostumbrada a tener motivaciones extrínsecas, siempre hay un momento, un evento, una actividad, algo en el futuro cercano o a mediano plazo que ha estado ahí para movilizarme. O ha sido trabajar duro para terminar mi tesis, o tener un viaje en el horizonte, o la llegada de un hijo, o partir a vivir en el extranjero, o volver a vivir a mí país. Y una vez que logro las cosas con toda la adrenalina y las anécdotas para compartir con los amigos y la familia, viene una sensación de "¿y ahora qué?" Y así comienzo a buscar otra meta, otro foco para que mis días tengan una motivación. Cuando la motivación tiene que venir de mí y no enfocarse en el objetivo mismo sino que simplemente en aceptar y disfrutar cada momento del viaje a ese objetivo.
jueves, 5 de febrero de 2009
Mi estado en Facebook
Han salido varias noticias en los medios por los 5 años de Facebook. Hay blogs y comentarios bajo la noticia a favor y en contra de la custión. Yo, entiendo el poco sentido que le encuentra la gente y me empieza a asustar dodo lo que dicen de que venden la información de los usuarios. Pero no vivo en Chile y Facebook es una de los medios más importantes que tengo para mantenerme en contacto con mi gente y más aún, sentirlos cerca, sentir que estoy más cerca de la cotidianeidad. Y pienso en Facebook y es el primer sitio al que me meto cuando me meto a internet. Nunca, eso sí, he sido bueno para los estátus (What are you doing right now?) y me cuesta pensar en qué poner, pero durante el día se me van ocurriendo cosas. Y es raro, porque uno está más consciente de lo que hace y lo que es peor y encuentro ashroz es escribir sobre uno en 3 persona. Hice el ejercicio un par de días, y estos han sido mis estatus, al menos en mi cabeza.
¿Qué estás haciendo ahora?
Gabriela espera terminar de leer el libro hoy
Gabriela por primera vez ve nevar con cuática
Gabriela pensó que le película era mañana
Gabriela tiene problema para hacer tortillas, siempre se le queman
¿Qué estás haciendo ahora?
Gabriela espera terminar de leer el libro hoy
Gabriela por primera vez ve nevar con cuática
Gabriela pensó que le película era mañana
Gabriela tiene problema para hacer tortillas, siempre se le queman
martes, 3 de febrero de 2009
La Mañanera
Definitivamente no soy buena para las mañanas. No soy como mi mamá que se levanta a las 7AM aunque no tiene nada que hacer, ni cómo Daniel que a las 8 de la mañana salta de la cama para hacer un millón de cosas. Muy vitamina. No. Las mañanas para mí son difíciles. Son largas. Son torpes. La única motivación decente es que me vayan a retar en la pega, o que tenga un compromiso temprano.
Siempre hago lo mismo. Si pido una hora al doctor o una reunión, que sea lo más temprano posible, para empezar mi día temprano, aprovechando cada minuto. Y suena el despartador y me reto a mi misma: ¿En qué estaba pensando cuando fijamos esa hora? Y mientras trato de despertar, miro el reloj y planifico: "si me ducho en 5 minutos y no tomo desayuno, puedo estar allá en 20"; o pienso en excusas: "tengo una rueda mala en la bicicleta y me tuve que venir a pie".
Y esto no es reciente. Incluso me acuerdo cuando era muy chica y era invierno y cuando salía de la ducha, me tapaba con la toalla que había estado cerquita de la estufa y me quedaba dormida así, de pie, envuelta en la toalla. Si no fuera por mi obsesión con la responsabilidad, sería peor. Llegaría tarde a todas partes, o no llegaría, y me acostaría a las 4, 5 de la mañana todos los días.
Siempre hago lo mismo. Si pido una hora al doctor o una reunión, que sea lo más temprano posible, para empezar mi día temprano, aprovechando cada minuto. Y suena el despartador y me reto a mi misma: ¿En qué estaba pensando cuando fijamos esa hora? Y mientras trato de despertar, miro el reloj y planifico: "si me ducho en 5 minutos y no tomo desayuno, puedo estar allá en 20"; o pienso en excusas: "tengo una rueda mala en la bicicleta y me tuve que venir a pie".
Y esto no es reciente. Incluso me acuerdo cuando era muy chica y era invierno y cuando salía de la ducha, me tapaba con la toalla que había estado cerquita de la estufa y me quedaba dormida así, de pie, envuelta en la toalla. Si no fuera por mi obsesión con la responsabilidad, sería peor. Llegaría tarde a todas partes, o no llegaría, y me acostaría a las 4, 5 de la mañana todos los días.
sábado, 24 de enero de 2009
Achoclonados
Ahora con un poco más de distancia, uno ve las cosas más en perspectiva. Hace una semana regresamos de Santiago, donde visitamos a la familia y a los amigos por un poco más de un mes. Los dos volvimos con un poco de gusto a poco, porque no vimos a todos a quienes queríamos ver, ni a los que vimos los vimos lo suficiente. Nunca es suficiente. Y de actividades mañana, tarde, vermouth y noche, regresamos al silencio de nuestra vida en Reading, donde, en mi caso, sólo tengo a Daniel. El teléfono nunca suena, y puedo dormir hasta tarde porque no hay ruido (ni calor).
El mes en Santiago sólo me hace confirmar que soy una persona totalmente social (y re-chilena, además). No hay cómo estar rodeada de gente, sobretodo si es gente que uno quiere. En mi pequeña vida ahora siento la falta de esas voces conversando alrededor mío, cómo si fuera música. Y siempre algo acontece, siempre hay un cumpleaños o algo para celebrar, cómo el viernes, para que mis amigos celebren que ha llegado el fin de semana. Y está uno, al pie del cañón para compartir y conversar. A lo que venga.
El mes en Santiago sólo me hace confirmar que soy una persona totalmente social (y re-chilena, además). No hay cómo estar rodeada de gente, sobretodo si es gente que uno quiere. En mi pequeña vida ahora siento la falta de esas voces conversando alrededor mío, cómo si fuera música. Y siempre algo acontece, siempre hay un cumpleaños o algo para celebrar, cómo el viernes, para que mis amigos celebren que ha llegado el fin de semana. Y está uno, al pie del cañón para compartir y conversar. A lo que venga.
viernes, 24 de octubre de 2008
Brit lads

Esta columna tiene de frivólidad. Como siempre. Parto leyendo los diarios desde atrás.
Tiene que ver con que quiero probar que los hombres ingleses, ingleses son todos iguales. Tiene sus cosas buenas y sus cosas malas.
Todo parte pensando en un reportaje que leí en el diario el fin de semana pasado, sobre "el tren de la reina", el tren que usa la Reina para viajar por el país. No leí en detalle el artículo, pero sí vi las fotos. Y quedé sorprendida del mal gusto. La misma "dueña de casa" del Palacio de Bukingham tiene una pieza en un tren, donde la pared es como de madera laminada, y todo lo demás es beige y verde navidad. Hasta tiene una frazada sobre la cama a cuadrillé beige con verde. Los adornos deben ser carísimos, pero podrían haberse comprado en la Zofri. Mucha plata, mucha historia, mucho castillo, pero bastante mal gusto, bien "tacky". Y bien tradicional, es sabido que la Reina toma té Twinnings, come shortbread, y su Sunday Roast todos los domingos.
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