Fui picada por el bichito de los viajes. Todo es culpa de mi padre. Mi padre sólo había ido a Mendoza hasta que a los cuarenta y tantos años por la pega lo mandaron a un par de países europeos. Se volvió tan loco que años después dejó la pega para independizarse y así tener más tiempo de viajar. Hoy, a los 67 años ha viajado a 107 países, que según Travelbuddy es el 48% de mundo, lo que a mí papá lo dejó muy deprimido porque no era ni la mitad del mundo.
Gracias al bichito y su gentil auspicio en muchas oportunidades, yo llego a 23 países, un tierno 11%. Si tengo plata ahorrada siempre pienso en viajar, creo que es la plata mejor invertida. Conoces culturas y costumbres que te dan perspectiva, te emocionas con lugares y parajes bellos o distintos. Veo fotos en facebook de países exóticos por dónde pasan amigos y se me hace agua la boca. Daniel no tiene ese bichito. Cuando vemos fotos o programas de viajes le pregunto, ¿pero no te gustaría ir para allá? y me dice que para qué si lo está viendo. Una vez que el está en otro país es feliz recorriendo tranquilo pero si no hubiera ido estaría igual de feliz.
lunes, 31 de enero de 2011
viernes, 14 de enero de 2011
Carta de Renuncia
| El último verano que trabajé entreteniendo a alumnos |
En fin. Si bien me fui con las puertas abiertas, disponible para trabajo desde la casa y reemplazos esporádicos, me importó poco. Adoro a mi jefa/amiga (que ahora es amiga solamente, con quien tomamos vino juntas, vamos a ver pelis, salimos a comer) pero nunca en mi vida, corta vida laboral, había trabajado en algo tan poco desafiante, que exigiera el mínimo esfuerzo y cabeza. Y además fue bastante frustrante en la medida que por distintas razones era un lugar tan despelotado, donde sólo con un par de buenas ideas y organización se podrían hacer maravillas. Desde que entré, en marzo de 2008, los sentimientos más generalizados han sido de impotencia y lata.
viernes, 7 de enero de 2011
Adiós al carrot cake
O gracias lactancia por favor concedido
Y no era gorda.
Siempre fui más grande que mis compañeras que eran bien esqueléticas. Me pegué el estirón primero, me salieron pechugas primero y creo que eso me hizo sentir gorda de chiquitita.
No puedo haber sido gorda. Jugaba hockey 6 días a la semana. 4 días de entrenamiento y dos días con partidos. Pero era grandota, con unas piernototas que me daba vergüenza jugar con falda y sacarme la foto de equipo.
domingo, 2 de enero de 2011
Años Nuevos
Inconscientemente siempre he buscado la fiesta inolvidable, los momentos especiales en la noche de año nuevo. Una boludez. Innecesario.
Lo único que me quedaba era pasar el año nuevo en familia: comer, ver unos programas lateros de recuentos en la tele (creo que no hay nada que odie más que eso) con unas fiestas de disfraces lateras que obviamente fueron filmadas hace tiempo, darnos abrazos y siempre primero a mi papá o mi tata, ver fuegos artificiales en la tele (sin gracia) y para la casa. Ya más grande y con permiso, después de las 12 podía hacer algunas cosas. Y pasé por todo: pasar el año nuevo caminando de un carrete a otro y al final sin hacer nada, la fiesta mal promocionada donde al final no hay nadie, el carrete que no prende nunca, la fiesta en que me desmayo por ver tanta multitud (o porque no estaba pasándolo muy bien, pero no de curada). Cueks, unos tras otros. Siempre soñaba con partir a la playa, hacerla tranqui, pero mi mamá siempre insistía en que pasáramos las 12 todos juntos.
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sábado, 25 de diciembre de 2010
Nada menos sexy que el invierno
Nada más común que imaginarme que me pongo tal o cual vestido, con ciertas calzas y luego me empieza a dar frío y me pongo un polerón encima y ahí se fue la pinta. O peor aún, salir a alguna parte y llevar toda la pinta cubierta por una parka que nunca te vas a sacar.
En la noche, a la hora de acostarse no existe la posibilidad de andar durmiendo semi-desnuda o con pijama pequeño sexy, sino que con el pijama de franela, con estrellitas o corazones. Y digan lo que digan ningún, ningún pijama de invierno (que abrigue) es sexy, creo yo, a menos que sea la ropa de tu pareja (a veces).
En el mundo del trabajo, del cual estoy eximida en estos momentos, existen posibilidades de exploración de estilo, pero es de lo más típico que la ropa no logre acompañar las temperaturas y que típicamente el calzado menos. A menos que sean unas buenas botas todos los zapatos “de invierno” te dejan los pies helados.
martes, 21 de diciembre de 2010
Great Expectations
Hace un tiempo un amigo de Facebook preguntaba en su status qué era la amistad. En uno de esos días en que comento cada cosa que es posteada, intenté contestar y no pude. En realidad no pude hacer una definición rápida. Después de un rato leí lo que le habían puesto sus amigos y encontré todo bien mamón, bien de tarjeta Village. Y hace un par de días, conversando con Daniel nos dimos cuenta que tenemos una visión distinta de lo que es la amistad y lo que uno espera de los amigos.
Parece que yo espero mucho de mis amigos (amiguis, no se asusten) que él. Daniel no espera nada. Que no sean chuecos con él, no más. Y si es que.
Yo tengo pocos amigos. Si hago una fiesta e invito a mis amigos más íntimos sería una fiesta pequeñita. Sí soy de hartos conocidos, de tener buena onda con harta gente y cuando nos topamos es entretenido y ya, en una de esas nos topamos de nuevo. Hay varios de esos conocidos con quienes me gustaría ser más amigos, pero los caminos no se han topado pero no hay gran rollo con eso.
Pero mis grandes amigos son pocos. Y por ellos doy todo y sin darse cuenta ellos me dan mucho a mí. Las amistades que han muerto, en muchos casos han sido porque yo siento que he dado mucho y que no he recibido nada a cambio. Esto de dar y recibir es el trueque que Daniel no comparte. Pero no es un trueque interesado, no es una condición explícita (o si no sería una bitch) sino que es una armonía, un flujo de confianza que debe sentirse rico y que dan ganas de más.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Cambiamos
| Año 2001 - la mañana después del carrete |
No parece que fue hace tanto tiempo cuando estábamos celebrando salir del colegio, con fiestas varias, oficiales y no oficiales, cantando en los pasillos del colegio, reuniéndonos con la orientadora, o cuando entramos a la U y fuimos mechoneados (en mi caso, miento, porque esquivé esa oportunidad de iniciación). Pero si saco los momentos mismos y pienso en cómo era entonces y como soy ahora (desde mi percepción), son eras distintas, claro, mucha agua ha pasado bajo el puente.
En alguna parte leí que en la adolescencia es cuando el cerebro está más vulnerable y hacemos y pensamos cosas, de frentón, weonas. Yo era muy, muy grave y densa. Por ahí debe ir lo de intensa. Esperaba mucho de la gente (no entendía que mis compañeros no estudiaran tanto como yo), acogía ideas y estilos de vida densos (creo que en dos años no usé jeans porque encontraba que me hacía parte del rebaño), nada me hacía feliz (teniendo todo para serlo), encontraba que todos eran unos imbéciles y yo, igual de imbécil, pero sufriendo por aquello mientras los demás vivían en un mundo Bilz y Pap. Siempre fui yo contra el mundo. Mis relaciones con pololos y amigos eran intensas, todo o nada. Mi mejor amiga a quien conocí en la universidad pero que fue al mismo colegio que yo, un año más arriba, me decía que en el colegio yo le daba susto, que me encontraba rara y que una amiga de ella con la que jugaba hockey le decía que yo era "amorosa", para que no se asustara. Sumado a lo que me dice mi nueva amiga, parece que provocaba miedo y rareza más que otra cosa. Cuando le describo a Daniel episodios de mi adolescencia me dice que jamás se hubiera fijado en mí, que como tan apestosa. Y con toda razón.
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